San Juan de Gaztelugatxe | Los escalones hacia el cielo

Cuando comenzamos a escribir el blog no considerábamos el poder visitar este lugar en un futuro próximo, y es por ello que hicimos un post dedicado a él en nuestro apartado de futuribles. Casi dos años después de haberlo escrito se nos presentó la oportunidad de visitarlo, y esa oportunidad no debíamos dejarla pasar.

Aquel 1 de marzo de 2015 escribía sobre San Juan de Gaztelugatxe nombrando unas cuantas veces a Anna, una de mis mejores amigas – sino la mejor – que estaba viviendo aquél entonces en Bilbao – y a día de hoy, y hasta dentro de unas pocas semanas, también –, y que me había comentado miles de veces que fuese a visitarla. Como siempre me pasa cuando me ofrecen algo así digo que sí, que iría, pero nunca encuentraba la fecha. Pero esta vez tuve que buscar la fecha urgentemente porque Anna se marcha a China y el tiempo de ir a Bilbao se acababa. Después de una comida de reyes en enero con una larga sobremesa decidí que iríamos a Euskadi a finales de febrero. Y así fue, gracias a que Anna se va lejos, que nosotros pudimos ir a Gaztelugatxe.


Repetiría un poco lo que puse en aquella entrada del 1 de marzo de 2015 en la que decía que Gaztelugatxe es una ermita que se encuentra en la localidad de Bermeo, que a ella se accede tras bajar una colina, pasar por un puente de dos arcos y subir más de 200 escalones se llega a la ermita que dicen se construyó en el siglo IX o X, pero que fue destruida varias veces por las batallas que allí tuvieron lugar, siendo demolida finalmente para reconstruirse después en el año 1886. Lo que de ella quedaba, restos de la construcción original y también de las posteriores remodelaciones, fue arrojado al mar, y en el mar descansan todavía hoy.



Esto es lo que podría decir de Gaztelugatxe sin haber estado antes, y podría especular un poco sobre su belleza y lo singular del lugar – junto a la isla de Aquech forman un biotopo protegido, pero después de haber pasado por San Juan de Gaztelugatxe creo que debo hablaros de las impresiones que la visita al lugar me produjeron.

 
Una vegetación frondosa nos acompaña al comienzo del sendero que nos va a llevar hasta el inicio de los 200 y pico escalones que conducen hasta lo alto del peñón. Una señal nos indica que estamos en el camino correcto, y a juzgar por las caras de las gentes que regresan parece que ese camino es un poco duro. A medida que avanzamos y vamos descendiendo comentamos: todo esto lo tendremos que subir al regresar. Y nos reímos. Algunos metros después empiezan a tenerse las primeras vistas maravillosas de San Juan de Gaztelugatxe y la isla de Aquech, formando una bella bahía que nos deja sin palabras.




Desde ahí solo queda seguir bajando para después comenzar a subir los escalones y llegar finalmente a lo alto de San Juan de Gaztelugatxe. Bien, solo no; nos queda bajar, subir, parar, mirar, respirar, sentir la brisa del mar en nuestras pieles y alucinar con el entorno. De cada cosa que hayas leído sobre San Juan de Gaztelugatxe solo puedes tomarte en serio un poquito, porque la experiencia allí es mucho, muchísimo mejor. Cuando cruzas el puente y comienzas a ascender por los primeros de los 241 escalones piensas en que debes hacer un esfuerzo considerable para llegar a lo alto, sino que más bien agradeces el haber sido tocada con la varita de la fortuna que te permite sentir en tus propias carnes la emoción de encontrarte en un lugar como Gaztelugatxe. El paso por el puente de dos arcos me produce una gran emoción porque lo que veo a mi alrededor es maravilloso; mis sentidos no tienen la capacidad suficiente para procesar tanta belleza: el mar, la vegetación que penetra delicadamente en él, la astucia humana que ha conseguido fundirse con la naturaleza para ser solo una cosa. Plantada en medio de aquella maravilla pienso que realmente soy muy afortunada.



 
Y el ascenso comienza, ahora, en serio. Escalón tras escalón, estación de vía crucis tras estación – allí se hacen romerías todos los años –, ves tu destino un poco más cerca. No os voy a engañar, la subida no es fácil, no es cómoda, no es un paseo; la subida a Gaztelugatxe requiere esfuerzo y paciencia, pararse, tal vez, cada tramo – y no solo para descansar. Tras el esfuerzo, la recompensa: coronamos la cima como si del Everest se tratase.



Me siento la reina del mundo allí arriba y quiero quedarme en ese lugar para siempre. Doy un volteo a la ermita para apreciar el entorno de un modo completo y, seguidamente, hago algo esencial: tocar la campana de la ermita tres veces. Cuenta la leyenda que si sigues este ritual la buena suerte te acompañará. Reflexionando un poco sobre la cuestión: ¿de verdad no es suficiente la suerte de poder visitar Gaztelugatxe que todavía necesito más?

Todos quieren seguir el rito.

En la misma plazuela de la ermita hay una construcción, una especie de caseta, con mesas y bancos para sentarse, descansar y poder comer. Y eso es lo que viene a continuación, comer: una buena barra de pan de Bermeo y un chorizo para retomar fuerzas.


Es hora de deshacer el camino si queremos llegar a tiempo para tomar el transporte que nos llevará a Bermeo de nuevo, así que la bajada parece más una Ironman que un paseo. Pero antes de emprender la carrera, otra parada más para disfrutar de tanta belleza.


Bajamos el último peldaño de los 241 escalones, cruzamos el puente y comenzamos con la subida del sendero, una subida que es muy dura si tienes poco tiempo para hacerla. Son casi las tres de la tarde de un lunes de finales de febrero, el sol aprieta y a nosotros nos habían dicho que en Euskadi hacia malo y por ello vamos prevenidos con chaquetas, sudaderas, térmicas y paraguas en la mochila. Pues parece que en Euskadi no siempre hace malo y en ese momento me sobra todo lo que llevo puesto; es que en ese momento me sobra, casi, hasta la vida. Después de unos 20 minutos de sudor y dolor de piernas conseguimos llegar hasta la parada de transporte para regresar a Bermeo. Qué lástima no haber dispuesto de más tiempo para poder disfrutar aún más de San Juan de Gaztelugatxe.



Cómo llegar a San Juan de Gaztelugatxe


Si a San Juan vamos en coche propio no hay ningún tipo de problema, solo debemos ir hasta Bermeo y de Bermeo seguir las indicaciones hasta la ermita. Tras una subida con algo de curvas pero con unas vistas envidiables llegamos a un párking inmenso donde podemos dejar el vehículo.

Si a San Juan vamos en transporte público, y aunque parezca increíble, podemos hacerlo. En verano hay un enlace directo en autobús desde Bilbao, pero en invierno ese servicio no está disponible, pero no es problema porque desde Bermeo – y también desde Bakio – podemos llegar hasta la ermita. ¿Cómo? Os estaréis preguntando. Muy fácil: desde Bermeo salen unos taxis-bus de ocho plazas que, cada dos horas, realizan el trayecto Bermeo-Bakio, pasando por Gaztelugatxe. Estos taxis salen desde la parada de autobuses general que se encuentra frente al puerto, en uno de los lados de la plaza de la parte baja de Bermeo. Allí, entre los autobuses, es donde se sitúan los taxis (en la imagen) que nos van a llevar hasta el inicio del sendero. Os aconsejamos que estéis atentos porque las plazas son escasas y sólo hay uno de esos taxis cada dos horas, por lo que podéis quedaros sin sitio. El precio por trayecto y persona es de 1,5 € y tardamos unos 10 minutos en ir de un lugar a otro. Para regresar debemos seguir los mismos pasos, pero esta vez tomamos el taxi en la parte opuesta del párking, ya en la carretera que sube desde Bakio. Otra vez, estad atentos y sed previsores porque puede que os quedéis sin plaza y, entonces, tendréis que esperar dos horas para regresar – es lo que les sucedió a un grupo de chicas ese día. El precio es, de nuevo, 1,5 por persona, y el taxi nos deja en el mismo lugar del que salimos.

Horarios taxi-bus: de lunes a viernes, el servicio comienza desde Bermeo a las 09:15 h y sigue de manera ininterrumpida, y cada dos horas, hasta las 19:15h. Para regresar el mismo conductor os dirá a qué hora pasará de nuevo el taxi.




Recomendaciones para la visita


Primero: calzado cómodo. Nada de tacones, sandalias bonitas ni demás esperpentos por el estilo. Vimos a una mujer en tacones bajar los escalones – tal vez hacia penitencia – pero eso no es lo que debéis hacer vosotros: tacones y cosas raras, no por favor.

Segundo: ropa cómoda. Yo me fui con unos vaqueros cómodos y acabaron molestándome, hubiera sido mejor vestirme con los pantalones de senderismo. Más de lo mismo con el abrigo, ya que pensé que haría frío y me puse el chaquetón, que empezó a sobrarme a los 10 minutos de caminata. Mejor una chaqueta versátil que podáis guardar fácilmente en vuestra mochila o atada a vuestra cintura.

Tercero: agua. Llevad agua en los bolsos o mochilas porque puede que cuando lleguéis arriba tengáis que beber. Llevad también comida si os apetece pararos – como nosotros – en lo alto y tomar allí algo. El lugar es muy agradable e invita a ello.

Cuarto: evitad la temporada alta. Nosotros estuvimos el último lunes del mes de febrero de 2017 y la cantidad de gente era considerable así que, si podéis, evitad los meses de verano porque aquello se pone imposible.



Más información


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